Psicología bursátil

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¿Qué es la psicología bursátil?

Recientemente, junto a las antiguas y fiables escuelas de análisis técnicos y fundamentales, ha aparecido una tercera corriente que se basa en el análisis de grandes cantidades de datos (“big data”) y en la inteligencia artificial para medir el sentimiento del mercado. Para ello, realiza búsquedas globales en los medios de prensa y en las redes sociales para encontrar palabras clave que indiquen cuál es el sentir general con respecto a un activo determinado. Y, si el mercado tiene sentimientos, también debe ser objeto de estudio psicológico. La psicología bursátil analiza dos elementos distintos: el operador y el mercado. Dado que el mercado es una entidad amorfa que está compuesta por muchos operadores (incluido usted mismo), es evidente que el comportamiento de los mercados financieros está sujeto a los instintos, comportamientos aprendidos y pensamientos de las personas que lo conforman, ya que los activos no tienen alma (pese a que algunos predicadores de la “new age” afirmen lo contrario). Los elementos más importantes de la psicología bursátil son los instintos de miedo y codicia, que impulsan nuestras acciones y el comportamiento del mercado, junto con las emociones de optimismo y pesimismo, que suelen dictar nuestras reacciones y proporcionan a los mercados su naturaleza cíclica. La psicología bursátil no pretende ser un experimento clínico. Su objetivo es ayudarnos a reconocer nuestras emociones e instintos en cuanto se asomen. Además de aprender a controlarlos en ciertas ocasiones, lo más importante es saber cómo extrapolarlos. Al fin y al cabo, es muy probable que otros operadores reaccionen de la misma manera que nosotros ante una situación determinada. Cuanto antes comprendamos nuestra propia reacción, antes podremos predecir el próximo movimiento del mercado y monetizarlo. Los elementos más importantes de la psicología bursátil son los instintos de miedo y codicia, que impulsan nuestras acciones y el comportamiento del mercado, junto con las emociones de optimismo y pesimismo, que suelen dictar nuestras reacciones y proporcionan a los mercados su naturaleza cíclica.

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¿Qué aplicación práctica tienen las finanzas del comportamiento?

Las finanzas del comportamiento, o más bien la economía del comportamiento, como se la suele llamar, es el estudio del impacto que tiene el comportamiento cognitivo, emocional, cultural y social de los individuos y las instituciones en la economía clásica. Desde que se creó este campo relativamente nuevo, se han otorgado tres premios Nobel de economía a sus pioneros: Daniel Kahneman en 2002, Robert Shiller en 2013 y Richard Thaller en 2017, lo que pone de relieve su importancia. Esto no significa que este tema fuera algo novedoso; de hecho, Adam Smith y Jeremy Bentham ya habían hecho referencia a la psicología e, incluso, a la moralidad de la economía. A mediados de la década de 1970, Herbert Simon propuso la idea de que la racionalidad se ve limitada por la flexibilidad de un problema, así como por imitaciones cognitivas y de otros tipos; es decir, para solucionar un problema, las personas suelen tomar atajos perjudiciales. Varios años después, Kahneman, junto con Amos Tversky, emplearon la psicología cognitiva para explicar la divergencia entre la toma de decisiones económicas y los requisitos de la teoría clásica. En resumen, por una parte tenemos una teoría clásica que explica de manera utilitaria y matemática cómo deberían suceder las cosas, como el muy conveniente conjunto de reglas de Charles Dow (mercados eficientes), y por otra parte tenemos un enfoque muy humano que explica por qué no suceden así (mercados reales).

Cómo evitar operar influidos por nuestras emociones

Como hemos indicado antes, un objetivo secundario de la psicología bursátil es aprender a evitar que nuestras emociones nos influyan a la hora de operar (ciertamente, esto puede sernos muy útil). Sin embargo, lo más importante es que se trata de una herramienta que permite comprender cómo operan y reaccionan los mercados en un sentido mucho más amplio. Para evitar bloquearse y no abrir una posición por miedo, o para evitar abrir o no cerrar una posición por codicia, debe obtener toda la información posible sobre los activos con los que opere. Esta información le proporcionará una sensación de control que actuará como contrapunto de sus emociones de miedo o codicia, y también, lo que es más importante, le ayudará a confirmar la validez de las estrategias a la luz de los fundamentos teóricos. La capacidad de establecer objetivos y metas, gestionar riesgos mediante la diversificación, aplicar coberturas y gestionar su dinero adecuadamente no es solo una herramienta para evitar que le arrastren sus emociones. Se trata, simplemente, de operar con sentido común. En resumen, las emociones no se pueden evitar. Difícilmente se pueden controlar, tal como ha quedado reflejado en infinidad de obras literarias desde hace siglos. Sin embargo, dar un paso atrás y examinarlas puede ser una herramienta invaluable, como lo es comprender de forma integral la teoría de ondas de Elliot, disponer de un asesor experto o contar con una fuente de información privilegiada imposible de rastrear.

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